¡Carne es lo que había!

NdE: A El 26 de mayo de 1999, en el diario EL UNIVERSAL de Caracas, escribí un artículo titulado “Carne es lo que hay”, que hoy reproduzco aquí como testimonio de la mejor situación cárnica al inicio de la “revolución” antes del terror agrario por ley que criminalmente diezmó la ganadería comenzando por los mejores hatos de cría, llevándonos junto con los controles de precios y las importaciones subsidiadas de carne y ganado por cientos de barcos, hasta la hambruna de hoy. También sirve de referencia de nuestra visión y mensaje orientador al país y a todos en el sector cárnico, en esa oportunidad, hace apenas 22 años. Como leerán estamos claros hacia dónde debemos apuntar y donde van los tiros del progreso de la ganadería y el sector cárnico, incluyendo las exportaciones, pero no el saqueo de ganado por barcos que hoy denunciamos y nos oponemos por hambreador del pueblo.

Si de algo más podemos sentir orgullo los venezolanos es contar con una producción de carne en el nivel de 400.000 toneladas métricas anuales. Para ello, desde las tantas haciendas ganaderas, se despachan 5.000 reses diarias a los mataderos frigoríficos industriales, desde donde se distribuye la carne en canales para su desposte y venta final en mercados, supermercados y carnicerías. Traduciéndose este gigantesco esfuerzo en abastecimiento pleno y estable a lo largo del año, es preciso destacar la conveniencia de planes y programas de apoyo al desarrollo ganadero, para responder adecuadamente ante el incremento poblacional de 5 millones más de personas en la próxima década.

En este sentido, el objetivo nacional se concreta a producir 100.000 TM más de carne para el consumo interno y la exportación. Esto considerando que para el año 2005, lograda ya la erradicación de la fiebre aftosa, la apertura al mercado de exportación de carne se posibilitaría inmediatamente, lo que obligaría a una mayor producción a dichos fines.

De allí que sea necesario impulsar sin mayor dilación actividades de fomento pecuario dirigidas a aumentar la reproducción y calidad genética de los rebaños, asegurar su protección sanitaria, mejorar la alimentación y el manejo animal. Todo esto enfocado en la racionalidad de la producción competitiva.

Teniendo como mayor limitación el factor tiempo y debido al carácter biológico de la producción ganadera, el intervalo generacional de cuatro a cinco años del ganado bovino, indica que las próximas dos generaciones de animales son decisivas al logro del objetivo. ¿Lo alcanzaremos?

Todo depende de las señales que se reciban pronto, pues en términos de negocio la inversión en ganado representa el costo de oportunidad del capital, si ese es el mejor uso alternativo. También está el asunto del ciclo de vida de las familias o empresas ganaderas, donde la salida de uno puede facilitar la entrada de otros y viceversa. Al respecto, el fin de inicio de siglo coincidirá con el término las actividades de algunos cuantos ganaderos al frente de la finca y empresas que fundaron o dirigieron toda su vida, cuya administración o propiedad pasarán a manos de la generación de relevo o de nuevos inversionistas.

En estas circunstancias, la ocasión es propicia para influir en la eficiencia de la ganadería y aumentar los rendimientos cárnicos, mediante la tecnificación de la producción pecuaria tradicional. Otro aspecto fundamental es el relativo a la modernización, ampliación y posible construcción de nuevos mataderos industriales frigoríficos en la misma zona de producción ganadera. Esto en función de las expectativas de crecimiento del mercado interno o de exportación. También de los cambios por venir en el mercadeo de la carne, cuyo desposte y venta al mayor por cortes empacados al vacío, refrigerados o congelados, comenzaría a realizarse directamente desde el frigorífico.

Como consecuencia, ocurrirían cambios favorables en el circuito de la carne. Con la construcción de nuevos frigoríficos en las zonas de producción, el ganado no tendría que ser transportado tan larga distancia. Por tanto, las mermas animales debidas al transporte disminuirían, como los costos de fletes del ganado en piezas de los mataderos, aumentando la calidad de la carne al disminuir la fatiga muscular del ganado por los largos viajes. El aprovechamiento industrial por cabeza beneficiada sería mayor, mientras el nuevo esquema de mercadeo y distribución de carne ya despostada por cortes, y empacada al vacío, directamente desde el matadero frigorífico industrial, reduce la intermediación en exceso que encarece la carne los consumidores.

Mirando al futuro que es ya, debe considerarse la cuestión del nivel de exigencias sanitarias en materia de higiene de la carne. El botalón, las sala de matanza, las pesas y cuestionables pulperías continuarán como sabemos en el nuevo siglo. ¿Cuanto más? Tienen la palabra las autoridades sanitarias de la República.

Mientras tanto, consideremos cuán afortunados somos los venezolanos, que gracias a nuestra ganadería, industria y comercio cárnico, y a pesar de tantas dificultades que tocan a todos, cuando indagamos en la casa o en la calle por el menú del día, la respuesta frecuente es “carne es lo que hay.

Ref. Pedro E. Piñate B. ¡Carne es lo que hay! EL UNIVERSAL. Caracas, 26 de mayo de 1999. Opinión
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Notas Agropecuarias
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Pedro E. Piñate B. MV, MSc. Editor

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Domingo 14/02/2021
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